Nada más rico que salir a caminar el domingo por la tarde para recargar energías para la nueva semana que comienza. Aunque sea para ir a buscar el pan o darse una vuelta al mall, es necesario para despejar nuestras mentes y cargar las pilas de entusiasmo para el día lunes. Al principio, la tarde está tranquila, hasta que de repente miras al cielo y ves unas nubes grises esperando pacientemente...para descargarse y descontaminar un poco esta ciudad de Santiago.
Claro, hay algunos que salen de casa con el paraguas en la mano y otros, como yo, que se nos olvidó ese pequeño detalle. Pero igual salimos y de vuelta a casa empiezas a sentir esas pequeñas gotitas que caen lentamente sobre tu parka o sobre la acera o el pavimento, y tienes que empezar a calcular cuánto te faltará para llegar a la casa (o departamento). Caminas de a poco, aunque con algo de prisa porque no hay nada peor que llegar empapada de pies a cabeza, porque no solo tienes que poner de inmediato el hervidor o la tetera a calentar, sino que tienes que sacarte toda la ropa, darte una ducha caliente, secarte el pelo, ponerte el pijama (cuando ya te das cuenta que no vas a salir a ningún lado) o ponerte algo especial si vas a salir, volver a la cocina y tomarte una buena taza de café o té o chocolate caliente.
Van quedando pocas cuadras y las gotas que alguna vez parecieron hermosas, ya se ven amenazantes y claro, apuras el tranco, aunque ya no puedes evitar que cada vez el agua va cayendo más seguido, pero todavía no se ha transformado en lluvia. Sin querer has avanzado a un ritmo adecuado y ves que no te queda ni media cuadra, ¡estoy salvada! dices en tu interior. Eso no significa que no vayas a servirte esa taza de leche con café o té o chocolate caliente, después de todo, eso era a lo que realmente venías tan apresurada.
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