Alrededor de julio de 2011 comencé a buscar trabajo para poder ganar dinero que me permitiera financiar mis propios gastos. Me fui de entrevista en entrevista, y pronto me di cuenta de que no lograba pasar más allá de la primera etapa porque mi último trabajo con sueldo y contrato había terminado en diciembre de 2007. Necesitaba algo más reciente para estar en igualdad de condiciones, o tener mayores posibilidades de éxito. Antes de que me diera cuenta, ya era diciembre y no pasaba nada. Decidida a seguir adelante, un día entré a uno de mis portales de internet donde pongo mi curriculum y me encontré con un aviso de que se necesitaban personas para trabajar en el Censo 2012 (de Chile). Me pareció interesante poder participar en un proceso que ocurre cada diez años, leí con calma todo lo que se necesitaba para postular y lo envié.
En los primeros días de marzo, vi un anuncio que decía por favor confirmar mi participación en el siguiente proceso, lo que hice rápidamente. Después me avisaron que mi capacitación sería los días 31 de marzo y 1 de abril, un fin de semana intensivo desde las 9:00 hasta las 18:00 si mi memoria no me falla.
Tenía que llevar varios papeles, entre los que estaba el certificado de antecedentes. Traté de hacerlo a través de internet, pero al final resultó mucho mejor ir directamente al Registro Civil de Las Condes, que me demoré como cinco minutos. Aproveché ese día para ver el lugar de la capacitación, y con eso me preparé para el fin de semana.
Conocí a varias personas que estarían conmigo trabajando desde el 14 de abril hasta la segunda semana de junio. Tuvimos que dar una prueba sobre lo que habíamos aprendido el día domingo y según eso se determinaría si pasábamos finalmente a ser censistas oficiales. El llamado esperado fue el 9 de abril, así que con eso empecé a trabajar de nuevo.
Como todos los trabajos, las cosas no son cien por ciento perfectas, hubo sorpresas positivas y negativas, cubrimos diferentes zonas de Las Condes hasta que a mi grupo lo establecieron definitivamente en el sector de Isidora Goyenechea y sus alrededores. Me tocó censar con lluvia, con sol y nublado, o sea, prácticamente lo único que me faltó fue la nieve, pero ese sector no me correspondía.
Hubo trabajo administrativo y en terreno, cosas que aprender y establecer un diálogo ameno con los censados, sin importar la clase social a la que pertenecían, lo que yo valoro y respeto. Hice todo lo que estaba en mis manos para tratar a los censados con el mismo trato que yo hubiera esperado que me hicieran a mí.
Fue una experiencia desafiante y agotadora, pero me llevo todo lo bueno: el compañerismo entre todos los que trabajamos en el censo, ver diferentes realidades de la gente, apreciar lo que cada uno de nosotros tenía de diferente, caminar hasta el cansancio y terminar todo aunque fuera o fuéramos los últimos en salir del local.
Realmente lo disfruté mucho, a pesar de sus altos y bajos, debo decir que la experiencia fue gratificante y probablemente, podría intentar repetirlo si es que se puede.
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