Hace casi tres años compré este libro de Boris Pasternak, por el cual se ganó el Premio Nobel de Literatura. Es verdad que las novelas rusas son largas, pero yo llevo leyendo ésta desde más menos ese tiempo. Como me gusta leerlas, sacar las citas que me llaman la atención y de paso, dar una mirada al diccionario si encuentro una palabra que no conozco, hacía como más de seis meses que ni siquiera lo había abierto.
No sé qué me llevó a tomar esa decisión, pero un buen día simplemente me dije tengo que terminarlo de leerlo porque me gusta la manera en que describe Rusia y la Unión Soviética bajo la perspectiva de un personaje llamativo y particular que se debate entre dos amores, y de sentir la realidad de la situación por la que pasaron y acompañarlo en este viaje a través de una nación.
Me encantan los paisajes, las tribulaciones, los problemas a la vuelta de la esquina, el enamoramiento, la responsabilidad por su familia, la culpa, la dicha, los pesares, las prisiones, las condiciones, el esfuerzo, sus celos, sus miedos y poder identificarme con ellos.
Es entrar en un mundo totalmente distinto al que estoy acostumbrada y me pregunto si hubiera sido capaz de vivir bajo estrictas reglas, estar continuamente al acecho porque todos mis pasos están siendo vigilados, que de pronto pueden ser buenos y al día siguiente tienes que pensar en cómo salir de la ciudad porque me pueden enviar a la cárcel; creo que fue la inspiración que necesitaba para poder volver a la escritura, la mía, no la de la tesis o de las recetas de la cocina, sino de poder compartir lo que siento con otras personas a través de ella y aquí me tienen resuelta cada vez más a incorporar esta rutina a mi vida diaria, casi como por obligación, pero en realidad por el gusto de dejar que mis palabras fluyan hacen que me olvide de mis problemas, de todo y volver a pensar en forma positiva, dejando de lado la tristeza, la angustia, el deseo de que muchas cosas fueran distintas. Es un renacer completo que pretendo seguir haciendo.
Por eso es que considero que este libro me ha dado una fuerza increíble para reencontrarme conmigo misma y pensar en qué es lo que quiero hacer realmente. Yo recomiendo siempre leer el libro si me gusta, pero también hay una película por si algunos prefieren evitar el primer paso, que en estos casos, prefiero siempre leer el libro y luego verlo en la pantalla grande para comparar qué tan fieles han sido al escritor, qué les han cambiado y si por lo menos se ha mantenido cierta estructura que muestre una continuidad más o menos natural de las cosas. Me ha pasado muchas veces que hay ciertas cosas deben omitirse para no extender demasiado la película, así como de sorprenderme cuando han incluido algo de tan poca importancia dentro del texto que me pregunto por qué el director habrá decidido ponerla ahí.
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