Saturday, January 28, 2012

Viva Los Vilos

Después de pasar un par de días en Los Vilos, hay mucho que contar. Para qué decir de los días maravillosos que nos tocaron; ni siquiera el viento pudo estropear las idas a la playa (aunque la verdad, es que fui solo una vez, pero sé que mi mamá, Pilar, María Eugenia se bañaron hasta el cansancio).
Las ricas comidas y postres de Miriam causaron grandes sonrisas en los comensales, especialmente cuando celebramos el cumpleaños de Carlos, que ya no podía más con la pastelera con betún y el pastel de choclo.....
Por nuestros paladares, además, pasaron unos ricos porotos granados, la reineta, el pollo, el pebre, pie de limón, brazo de reina, kuchen de frutas; y bueno, no faltaron el chupe de locos ni las típicas empanadas de Las Conchas. Toda una delicia para la boca.
La Cata nos deleitó con sus aperitivos tan ingeniosos y que llegaban justo en el preciso momento en que se necesitaban: antes del almuerzo o justo cuando estábamos jugando a las cartas. Realmente impresionante el talento culinario, de verdad que valió la pena que estuviera esos tres días...la echamos de menos cuando se fue, como siempre, querida prima.
Y bueno, el lunes bien temprano se fueron Manan y Cata a Santiago; y entre medio dormida vi a la Cata, no sé si entrando o saliendo de la pieza, nos saludamos y de ahí seguí durmiendo hasta como las nueve de la mañana. Fui a ver si encontraba algo de utilidad en la ropa usada,pero no encontré nada, por lo menos ese día. Y ese día fui a la playa con la mamá, Pilar y María Eugenia. Había un poco de viento, pero igual hacía calor, así que tendí mi toalla y puse los zapatos para que no se volara, y bajé al mar a bañarme. Entré al agua y aunque ya tenía la piel de gallina después de que pasaron un par de olas, igual me mojé y luego salí a secarme. Y a medida que sentía que me calentaba, también comenzó a correr viento y creo que no habrán pasado más de unos quince minutos y ya estábamos de vuelta en el auto para almorzar. Después de tomar el cafecito llamó Fernanda diciendo que iban a pasar la noche en Los Vilos y que le gustaría comer pie de limón. Acto seguido, la mamá habló con Miriam, que justo había terminado el postre de frutas, y ella le dijo que tenía tiempo para hacer el pie de limón.
Bueno, dormí la siesta y al levantarme estaba puesta la mesa de siempre: los paños azules con los platos blancos grandes, los servicios para la comida y para el postre listos, unos vasos y/o copas. Y estaban el pie de limón y el de frutas en todo su esplendor, cada uno tapado con un mosquitero. ¡Qué rico se veían las dos cosas! Saqué mi bordado y me cundió hasta que me dio hambre, por lo que guardé todas mis cosas y me hice una taza de café con un pedazo de pan. Un rato más tarde, llegaron Fernanda, Pedro y Jota desde La Serena. Al final fue tomar onces más que una comida, así que fuera con los vasos y de vuelta con las tazas. Me comí un pedazo de pie de limón junto con el resto y ayudé a llevar las cosas a la cocina.
Me puse a jugar a las cartas y entre medio llegó una persona que estaba interesada en comprar Los Vilos y partió una conversación bien extensa entre él, Pilar, mamá y María Eugenia. Fernanda, Pedro y Jota se fueron a dar una vuelta por la ciudad y yo pronto no supe qué hacer con este señor que estaba conversando en el primer living a la entrada, así que me fui a la pieza y me puse a hacer unos sudokus. Pasó como una hora y bajé, y ya se había ido el señor y la mamá estaba llamando a la Manan para contarle lo que había sucedido; Fernanda volvió junto a sus acompañantes y después volvió con un vestido verde oriental con una buena espalda, y lo más divertido, es que llega y dice que lo compró en una tienda que vendía puros cachurreos.
A la mañana siguiente fui a la feria y a pesar de que me di unas vueltas por la ropa usada, no encontré nada y me fui a meter un rato a Internet. Sentí el celular y contesté: era la mamá para decirme que estaba en la tienda de cachureos y que había encontrado algo de ropa para que me probara, y como era uno de esos días en que internet estaba más lenta que nunca, salí del local y fui a encontrarme con mi mamá. Me pasó un par de cosas y finalmente me quedé con un short negro, un pantalón verde y un vestido (¡pagué $1500 pesos por los tres! Realmente valía la pena una visita.
Volví a internet en la noche y estaba de lo más relajada cuando sentí que el suelo temblaba bajo mis pies por un segundo y luego otro remozón, y claro, en un lugar costero, la sensación de que puede venir un tsunami está más que presente, y el local se vació. Sonó un celular y era el mismo tono que el mío, pero pensé que podía ser una coincidencia; a la segunda vez, le pedí a la señorita que estaba atendiendo y era mi mamá que quería saber cómo estaba después del pequeño movimiento telúrico. ¿Pueden creer que se me había quedado el celular cuando la mamá me llamó para ir a la tienda, y lo vine a encontrar en el mismo lugar cuando mi mamá llamó para saber si estaba bien? ¡Una de esas raras coincidencias!
El miércoles llegó Carlos con Silvia porque el 19 era el cumple de Carlos y quería celebrarlo en la playa, lo que llenó de nuevo la casa. Miriam hizo la torta, yo hice el ganache de chocolate y mi mamá le puso el relleno y la cubierta, y ahí quedó en espera del día siguiente.
El jueves, Miriam estaba preparada para hacer pastel de choclo y pastelera con betún, la comida favorita de Carlos y la mamá sacó unas fotos muy buenas en la cocina con esos dos bellezas de almuerzo (a mí no me gustan, pero se veían bien en la mesita blanca que está al lado de la ventana). Se cantó el primer cumpleaños feliz del día y en la tarde hicimos lo mismo, pero esta vez con la torta que quedó mundialmente exquisita. A las nueve empezaba una función del Teatro a mil y como a las nueve y media llegaron cerca de la casa, porque terminaba en Plaza Ercilla. Salieron los carabineros y sacaron a todos los autos que estaban en las calles, incluso del trencito que todos los veranos hace un recorrido turístico por Los Vilos. Luego comenzó a llegar la gente con los niños y poco a poco comenzaron a aparecer dos dragones entre la multitud con sus sonidos y tirando vapor por sus bocas como si fuera fuego. Todo eso fue grandioso, sentir como el arte invadía el pueblo veraniego y dejaba volar la imaginación. Una muy buena iniciativa llevada a provincia, ojalá que se sigan repitiendo en otros lugares también.
El sábado se fue Carlos con Silvia y el domingo fuimos con mi mamá, Julio, María Eugenia y Pilar a comer unas ricas empanadas de queso (en mi caso) o marisco. Pedí un jugo de sandía que estaba exquisito, y comí un pedazo de congrio frito, y con eso estaba más que lista para el día siguiente.
Y encontré también un vestido negro que me quedaba a la perfección en la ropa usada, más una blusa morada que había encontrado la mamá.
Por supuesto que llegó el lunes y con eso las pocas ganas de volver a Santiago, pero después de esos 10 días maravillosos en Los Vilos, lo que queda es el recuerdo de haberla pasado bien y en buena compañía.



Sunday, January 8, 2012

Having lunch in a restaurant

When you go to a restaurant, you have certain expectations regarding the waiter. And every once in a while, you get one that just drives you insane because he or she has no idea what he/her is doing. That´s what happened to me today.
My mom invited me and some of her friends to eat at a very good restaurant in a fisherman´s village with a very beautiful blue beach. We had a nice table and there we were, all five of us until a waitress appeared. Each one of us asked for an empanada (a fried dough with seafood and/or cheese filling). We ordered our drinks and we waited for our first dish. My mom´s was one of the three that arrived first and she cut it in half and she discovered that her seafood (I think it´s called abalone in english) empanada had cheese when she didn´t ask for it, so she told the waitress and therefore, the three empanadas were sent back to the kitchen.
A couple of minutes passed before mine came, and it was ok. In the mean time, the waitress said that only second course was ready before the empanadas, so we ate them and the other empanadas arrived later.
Then about ten minutes after we had finished she took our plates and she took our orders for dessert and herbal tea. She dissapeared for like what seemed an eternity, and she brought one dessert that was just what we ordered. Two of us asked for papaya and one of them came with cream. Nobody had asked for cream and she had written our orders. What a nightmare!
Then another while for the herbal teas and forever for the bill. So overall, the restaurant was a 10, but the waitress was like a 2. Could it be that she was new and unprepared? Perhaps, but you still end up hoping that you get a very different waiter or waitress next time so that it doesn´t ruin the complete experience.
Hoping to hear your opinions about it, see you.

Wednesday, January 4, 2012

Después de las fiestas

Mi primera publicación del año 2012, ¡qué increíble cómo se pasó el año 2011! Y como verán, el tema de las fiestas siempre redunda en algo más o menos así: llega el 18 de septiembre; no te alcanzas ni siquiera a recuperar y pronto ya es 12 de octubre, luego es 1º de noviembre y luego queda Navidad y Año Nuevo. Como que todo se juntan tan rápido, que es difícil ponerse a elegir en cuál o cuáles de ellas se pasó mejor.
Entre medio, no suelen faltar los cumpleaños entre el 20 de diciembre hasta la primera quincena de enero, así que para todos a los que se me olvidó saludar en estas fechas, les mando un buen abrazo grande y muchos cariños por la celebración importante de estar un año más aquí en el mundo.
También nos ponemos a pensar en aquellos que ya nos han dejado en años anteriores de la misma manera en que contamos los que vienen a formar parte de nuestras familias con el paso del tiempo. Es algo realmente interesante, descubrir rostros y personalidades nuevas, que sobresalen por el solo hecho de aceptar incorporarse a la familia personal de cada uno como a la familia completa. Claro está, que acordarse de todos los nombres de los primos, sobrinos, señoras, novias de repente se vuelve algo complicado; muchas veces nos habrá pasado por la mente la idea de tomar un cuaderno en mano y tratar de elaborar un árbol de familia para no olvidarse de quién es quién, así como también comprendemos que si lo intentamos, estaríamos varios años realizando el mismo proceso. Lo importante es saber que uno los quiere igual y que los acepte tal como son, con sus fallas y sus defectos, aunque los cambios siempre son difíciles y hay que ajustarse de a poco.
Se nota que llevo mucho tiempo sin escribir por lo que les aseguro que esta entrada va a ser bien larga. Por supuesto que si algunos deciden que hasta aquí no más pueden leer, dénse una pausa y terminen de leerlo en otro minuto.
Es común el movimiento entre varias ciudades, o sea, yo cuento Los Vilos, Santiago, La Serena, Tucson, Nueva York, San Francisco, Villarrica (me refieron en general, porque para mí han sido los primeros tres; los otros lugares son del resto) y cualquiera que le quisieran agregar (acepto nuevos nombres a incorporar).
Siempre hay buenas y malas noticias durante estas épocas, pero hay que estar dispuesto a aceptarlas y dejar que tomen su curso, porque al final, y ya sonando un poquito cliché, nos ayudan a formar nuestro carácter, nuestras personas.
Yo, a modo de ejemplo, terminé el año pasado todos mis cursos del Magíster en Artes y Humanidades de la Universidad Gabriela Mistral y espero que dentro de poco recupere mi material para seguir indagando en un análisis a Bob Dylan y su relación con los años sesenta. A otros, les habrá tocado de recibir resultados de la PSU; otros, han finalizado otro año universitario; algunos, se enfrentan ya en la segunda etapa de los Master o buscando nuevos trabajos....¡En realidad que pasan muchas cosas en tan pocas semanas!
Es tiempo para sacar los libros que no se alcanzaron a terminar durante el año, a retomar los bordados o cualquier otra actividad manual que sacamos en los días de verano (entiéndase los meses de noviembre, diciembre, enero, febrero y marzo en el hemisferio sur del planeta), de recoger fruta, de comer fruta que solamente sale en estos días, disfrutar del mar y/o de la piscina y/o parcela, aprender cosas nuevas, continuar o empezar proyectos, aprovechar el tiempo con los nietos o con los primos y tíos que no hemos visto en mucho tiempo, planear viajes dentro del país o fuera, o sea, muchas cosas entretenidas que nos esperan a la vuelta de la esquina o que podemos echar a volar en nuestra imaginación para comenzar con fuerza el año que comienza y de descansar de todo lo trabajado en el año que recién termina.