Ayer, justo cuando salía del cine, saco el celular para sacarle el silencio y me encontré con un par de llamadas perdidas. La primera era de Fernanda, así que naturalmente, la llamé a ella primero y me contó que una de mis primas quería saber si podía hacerle babysitting. Luego llamé al otro número que venía después y resultó que era la Coté Maturana (yo pensé que era Manuela), y me dijo si podía ir a su casa a cuidar a Maite. Me vinieron a buscar y de a poco quise entrar en confianza con Maite para que no fuera tan difícil la salida de su mamá.
Claro que una cosa es esperar que se porte bien, y otra cosa es cuando no te conocen, lo que hace de este trabajo un poquito más difícil, pero que de todos modos se puede hacer. Partí contándole los típicos cuentos de niños: Blancanieves, Rapunzel, Ricitos de Oro, Cenicienta y con eso logré captar la atención de Maite. Sentía cómo me miraba, con los ojos bien abiertos y muy interesada con lo que estaba sucediendo en la historia, interrumpida a momentos por sus <<¿por qué?>>, y a ratos pasaba su lengua por una exquisita cuchara con manjar.
La tele puesta con los monitos, y de a poco, se fue quedando dormida. La llevé a la cama y en el preciso momento en que la acuesto, se despertó y comenzó a llorar preguntando por su mamá. Por supuesto que tuve que tomarla en brazos y tratar de convencerla de que todo estaba bien, incluso la llevé a la cama de Manuela. Pero no era el momento adecuado, lo único que conseguí fue que se devolviera a ver los monitos en la tele.
Mientras ella veía la tele yo trataba de encontrar alguna manera para que se fuera a dormir tranquilita, y no tuve suerte. Le hice la mamadera y como estaba muy caliente, la puse en agua fría hasta que se la pudiera tomar.
Por fin, cerca de las una y media, hice el último intento: le dije a Maite que era hora de que se fuera a acostar para que cuando la mamá llegara ella estuviera durmiendo. La tomé en brazos, le llevé la mamadera y la llevé a su camita. La metí adentro, la tapé bien y le dije que me quedaría con ella hasta que se quedara dormida. No habrán pasado ni treinta segundos cuando Maite finalmente cerró sus lindos ojitos y se entregó a los sueños de Morfeo. Como a las cinco llegaron de vuelta y tanto Coté como Manuela se mostraron asombradas de que hubiera durado despierta hasta esa hora, lo que para mí siempre ha sido natural. Nunca me he podido dormir cuando he cuidado niños; me siento segura sabiendo que ellos duermen en paz y mirarlos de vez en cuando.
Y reconozco que hacía mucho tiempo que no cuidaba niños, y la respuesta de Maite era la que yo más menos esperaba porque no me ubica mucho, pero al fin y al cabo, lo importante es que haya escuchado mis cuentos, se haya tomado la mamadera y se quedara dormida, porque eso era lo que ella necesitaba.
No comments:
Post a Comment