Saturday, March 23, 2013
Cónclave Papal
El Papa es la máxima autoridad de la Iglesia Católica, lo que conlleva una serie de obligaciones, tradiciones por lo que los cambios sucedidos en los últimos días en el Vaticano son motivo para reflexionar.
Considero que la decisión de Benedicto XVI de dejar su cargo porque sintió que sus estudios y su edad le impedían realizar su trabajo de forma adecuada. Hay que tener valor para decirle al mundo lo que la mente y el corazón te piden, y él renunció porque pensaba que era hora que se realizaran cambios al interior de la iglesia.
Quizás muchas personas dentro del Vaticano y ciudadanos del mundo pensaron que se retractaría y continuaría su misión como representante de Cristo en la Tierra, y él no lo hizo porque estaba convencido de su posición. Encuentro que a veces la vida nos pone a todos a prueba y Benedicto XVI tuvo la suya en estas últimas semanas.
Después de formalizar su renuncia, la pregunta giró en torno a que hacía como 600 años que no había un Papa para la celebración de la Pascua y si la situación se repetiría este año. Todo esto, sin siquiera conocer si habían candidatos que pudieran ejercer ese cargo o que se pudiera elegir a un Papa en un par de semanas.
Esta semana se realizó el Cónclave Papal en el que se decide quién se convertirá en el nuevo Pontífice, y si hay una decisión, los ciudadanos del mundo ven salir humo blanco del recinto. Debo confesar que no me sé todos los nombres de los candidatos, pero cuando supe que el nuevo Papa Francisco era argentino, tuve la sensación de que él era el adecuado.
Ayer, mientras leía la Revista del Sábado de El Mercurio (en Santiago, Chile)me encontré con un artículo sobre el libro de la vida del Papa Francisco, donde se remontaba a sus orígenes italianos, la decisión de su padre de que su hijo tenía que empezar a trabajar a los trece años a pesar de que no pasaban por dificultades económicas le ayudó a desarrollar su carácter. Completó sus estudios escolares y determinó que su vocación estaba en la Iglesia, por lo que comenzó a realizar el Seminario, confesando que sus padres esperaban que se dedicara a otra cosa, y finalmente terminaron aceptando su decisión.
Un Papa que ha estudiado Literatura, que le gusta el tango, que ha estudiado Filosofía y que sepa hilar sus pensamientos y comunicarlos de manera que todos puedan entenderlo, es esencial para esta vocación. Su sencillez, su modo de enfrentar la vida muestra que su brújula está en la dirección correcta; que esperaremos ver situaciones nuevas y que tiene el corazón puesto en lo que será su trayectoria.
Yo siento que el nuevo Papa tiene un gran aliado, el trabajo como un medio para que las personas seamos plenas, y no que las personas vivan para el trabajo.
Si el trabajo es un medio, podremos disfrutar de las cosas que nos gustan, de dedicarnos a pasar tiempo con nuestra familia, a practicar deporte, entonces seremos capaces de darnos cuenta de lo que pasa en nuestras vidas. Si por el contrario, si todo lo que somos gira en torno al trabajo y en la remuneración que esperamos obtener de él, ponemos nuestra vida, nuestras aficiones, nuestras relaciones, nuestra forma de descansar o de hacer ejercicio en un segundo plano, puede convertirse en algo muy difícil de hacer; es un camino cuesta arriba, empinado y al dejar que el trabajo se apodere de nosotros, también dejamos de preocuparnos por nosotros mismos, por nuestra sanidad mental, física y espiritual.
Me gusta su mensaje y tengo fe y esperanza de que su trabajo traerá consigo cambios, y podremos ver los nuevos desafíos que tiene la Iglesia en el siglo XXI y que dará lo máximo de sí para llevarlos a cabo.
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Reflexiones
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