Para hacerse socio o socia de una biblioteca, uno se fija si hay algún beneficio por ser parte de la comuna, de la ciudad -que, por lo general, es un descuento monetario-, cuánto cuesta y la duración. No faltan los requerimientos especiales con los que uno debe demostrar quién es y que la dirección que uno tenga es la correcta y que tiene algún medio de solvencia para pagar dicha cuota. Rara vez ponemos atención a los detalles y, lo mejor de todo, es que es precisamente el momento en que tenemos todo listo cuando vemos si nos conviene o no dicho acuerdo.
Hace un par de semanas quise hacerme socia de la Biblioteca Nacional de Santiago y vi a través de la página web que tendría que llevar una fotocopia del carnet de identidad, una cuenta donde saliera mi dirección y por un valor de aproximadamente cinco mil pesos. Fui un día para allá y le pregunté al guardia donde podía realizar dicho trámite. Seguí las direcciones y le pasé al señor todos los documentos y me pide una liquidación de sueldo, que para variar, no la había echado en la cartera, así que no me quedó más remedio que dejarlo hasta ahí por el momento.
Igual aproveché para sacar información que necesitaba y me dije que para la próxima vez, me acordaría de la liquidación de mi sueldo más reciente. A pesar de eso, me fui a investigar a Arthur Rimbaud y me rindió bastante. Ayuda mucho el hecho de que en la sala Gabriela Mistral lo único que se escuche es el llamado que avisa que el libro que cada persona pide llegó a la sala (pero debo reconocer que me molesta porque es agudo y contra el agradable silencio es como si me tiraran un balde de agua fría en un día helado; enervante, irritable) fomenta trabajar tranquilamente (y sí, por favor, las reglas que dicen que no se puede usar un celular adentro deben ser respetadas y si no, simplemente el bibliotecario tendría que decirle que saliera- a cualquiera que lo haga, incluso si soy yo la que infringe la norma).
Fui de nuevo, estaba vez con todo lo necesario y por si acaso, le pregunto a la bibliotecaria cómo funciona el sistema de préstamos a domicilio, y me dice que lo que voy a comprar es exclusivo para los libros que se encuentren en ese sector y no para el resto de la biblioteca, y me di cuenta de que no sacaba nada con hacerme socia porque lo a que a mí me interesaba estaba en la sala Gabriela Mistral, de uso común.
No me había dado cuenta de eso, así que, simplemente iré de visita a buscar información en la sala común.
Moraleja: es bueno saber exactamente qué es lo que quiere hacer uno como socio de la biblioteca, y que hay que leer todas las reglas que se aplican para entender mejor cómo funciona el sistema.
Y de hecho, menos mal que hay una Biblioteca Nacional porque mucha información para mis cursos del Magíster han salido de ahí; además, como me di cuenta buscando material para mi tesis, hay libros que solo tienes posibilidad de conseguirlos en ese lugar.
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