I went to the movies last weekend with my mom, and we choose this italian movie that basically is about a woman who takes a girl of about 1 1/2- 2 years old to her house because she has been left alone at the park. Inside, you find her husband and a 14 year old boy who treats the little girl, Asia, like his sister. And they move around what seems to be a decaying circus.
It shows us how hard those lives are and what they do to make them better, to adjust to the circumstances, with absolutely no clue about what is going to happen next and that leaves you wondering what might happen.
A simple, worth-watching movie, almost like a documentary that tells us a little bit about "la pivellina", this little girl that changes the life of the people that take her in, for better or worse because they know they will have to give her away at the end, and the constant fear of her mother coming back to claim her.
Bitter-sweet and amiable characters that makes me wonder why we don´t get to see a lot of these movies instead of just the blockbusters... and then you understand, it´s a different kind of movie. It´s about getting you to see different lives through the eyes of normal people.
Absolutely amazing, if you get a chance to see it, do it
Sunday, October 23, 2011
Sunday, October 16, 2011
La Roja
Para los fanáticos del fútbol, saber cuando juega la selección chilena, es algo que traspasa fronteras, ya que hasta los no fanáticos se entusiasman para ver cómo será el resultado después del último partido, que en este caso había sido el fatal 4-2 que le dio Argentina. Todo el país comienza a girar alrededor de las horas previas; en Santiago, se comienza a notar en el flujo cada vez más irregular de las micro, donde la gente empieza a aglomerarse para llegar antes que inicie el partido; incluso se puede ver en el metro, donde hay tanta gente con prisa por entrar que cuesta que a uno lo dejen salir.
Y volviendo a lo que les iba a contar, resulta que justo ese día también tenía clases en la Gabriela Mistral a las 19:30 y con todo el enredo de micros y metro, terminé entrando a la sala como a las siete veinte, tiempo necesario para hacerse un café y esperar a que el profesor empiece la clase.
Yo, que apenas sé algunos apellidos de "la Roja", como son Matías Fernández, Suazo y nada del resto, llegué a la clase y el profesor dice tres apellidos como si todos supiéramos quiénes son, y lo que es peor, más encima era la delantera peruana (o sea, la posibilidad de siquiera adivinar era nula). Pero a pesar de eso, después de una derrota ante Argentina, sale de todos lados las ansias del triunfo porque se convierte en una de las pocas cosas que podemos celebrar todos juntos.
La clase se dio igual, aunque los nombres de los tres delanteros peruanos volvieron a surgir cuando se integraron el resto de los alumnos, y por esa hora y media, estuve concentradísima en la clase. Al salir, reinaba el silencio, sin ninguna posibilidad real de saber el resultado a no ser que saliera en las pantallas del metro o algo parecido.
Y al entrar a mi edificio, no me aguanté y le pregunté a los guardias, que me anunciaron la victoria de 4-2 sobre Perú. Con el frío, corrí lo más rápido que pude y prendí la televisión para ver los goles, o sea, para decidir cuál había sido el mejor o no. En casi todos los canales, se siguió a la transmisión del segundo partido entre Argentina y no sé quién más. Pero los encontré, creo que vi los tres primeros, más uno de Perú y mi interés volvió a las series de televisión que tenía planeado ver, con la alegría de que "la Roja" había ganado.
Nada más que decir que en un día como ése, disfrutar de la alegría de un equipo de fútbol victorioso seguro que arranca sonrisas en más de una cara triste, de algún dolor pasajero y lo más importante, es sentir como el país se une frente a algo que pareciera tan trivial, pero que al final de cuentas es una de las cosas que vale la pena disfrutar.
Y volviendo a lo que les iba a contar, resulta que justo ese día también tenía clases en la Gabriela Mistral a las 19:30 y con todo el enredo de micros y metro, terminé entrando a la sala como a las siete veinte, tiempo necesario para hacerse un café y esperar a que el profesor empiece la clase.
Yo, que apenas sé algunos apellidos de "la Roja", como son Matías Fernández, Suazo y nada del resto, llegué a la clase y el profesor dice tres apellidos como si todos supiéramos quiénes son, y lo que es peor, más encima era la delantera peruana (o sea, la posibilidad de siquiera adivinar era nula). Pero a pesar de eso, después de una derrota ante Argentina, sale de todos lados las ansias del triunfo porque se convierte en una de las pocas cosas que podemos celebrar todos juntos.
La clase se dio igual, aunque los nombres de los tres delanteros peruanos volvieron a surgir cuando se integraron el resto de los alumnos, y por esa hora y media, estuve concentradísima en la clase. Al salir, reinaba el silencio, sin ninguna posibilidad real de saber el resultado a no ser que saliera en las pantallas del metro o algo parecido.
Y al entrar a mi edificio, no me aguanté y le pregunté a los guardias, que me anunciaron la victoria de 4-2 sobre Perú. Con el frío, corrí lo más rápido que pude y prendí la televisión para ver los goles, o sea, para decidir cuál había sido el mejor o no. En casi todos los canales, se siguió a la transmisión del segundo partido entre Argentina y no sé quién más. Pero los encontré, creo que vi los tres primeros, más uno de Perú y mi interés volvió a las series de televisión que tenía planeado ver, con la alegría de que "la Roja" había ganado.
Nada más que decir que en un día como ése, disfrutar de la alegría de un equipo de fútbol victorioso seguro que arranca sonrisas en más de una cara triste, de algún dolor pasajero y lo más importante, es sentir como el país se une frente a algo que pareciera tan trivial, pero que al final de cuentas es una de las cosas que vale la pena disfrutar.
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