Thursday, September 15, 2011

Peripecias Santiaguinas

Ayer quedé de juntarme con una amiga a las cuatro de la tarde en su casa. A eso de las doce de la mañana, pensé en llamarla para saber si nos juntaríamos como habíamos quedado pero no lo hice. Volví al departamento, almorcé y a eso de las tres de la tarde fui a tomar la micro y me dirigí al metro Pedro de Valdivia. Me bajé en Baquedano y antes de tomar el metro en dirección a su casa, la llamé y me enteré de que Susana no andaba con auto, así que seguí hasta la estación Irrarrázaval y le pregunté a un guardia cómo podía llegar al Estadio Nacional, y me dijo que tomara la micro 506 ó 507. Tomé la micro y después de andar su buen rato me encontré como  a la altura del Movistar Arena y le pregunté al chofer por el Estadio Nacional...¿qué creen? Había tomado la micro, pero obviamente en la dirección equivocada. Me bajé de la micro, crucé la calle y me fui a la parada más cercana y no correspondía al paradero de ninguna de esas micros, así que caminé unas tres cuadras hasta que encontré el paradero. Una señora me preguntó si sabía cuánto se estaban demorando las micros y le dije que no tenía mucha idea, pero que había escuchado que estaban desviando el tránsito por los preparativos del Parque O´Higgins para la celebración de Fiestas Patrias. Al rato, llegó otro señor que dijo que venía caminando como por diez cuadras y no se veía micro por ningún lado. Llamé a Susana para contarle lo que me había pasado, mientras seguía caminando en dirección a la cordillera. Después de que no pasaran micros por un rato, Susana me llamó para decirme dónde estaba y me di cuenta que estaba en Matta con Arturo Prat, así que ella me recomendó que preguntara cuán lejos estaba de Vicuña Mackenna. Pregunté y estaba bastante lejos, por lo que decidí darle una segunda mirada a las micros y me subí a una 406 para bajarme en el Estadio Nacional.
Luego Matta se transformó en Grecia hasta que llegué al paradero Marathón, señal de que la próxima parada sería Estadio Nacional, pero la micro no paró hasta que llegué al Portal Ñuñoa, un mall. Llamé nuevamente a Susana y en el celular, entre cortado, le escuché algo de un restaurant chino y esta vez, para que las dos estuviéramos claras, le pregunté por qué lado de Grecia venía caminando y me dijo que frente al Estadio Nacional. Debo haber caminado unas cuatro o cinco cuadras y di con el restaurant chino y eventualmente, con Susana.
De ahí a su casa a tomar algo bien frío porque con el calor que hacía, las dos veníamos con la lengua afuera: un rico helado con una Coca-Cola Zero fría y queque de plátano de Olga. Conversamos sobre el pasado 11 de septiembre, de Felipe Camiroaga y de toda la gente que estaba en el avión que se estrelló hace dos semanas en Juan Fernández; de nuestras experiencias de ver la Zona Cero en Nueva York (yo) y un mural en Washington (Susana), y de apreciar que tuvimos sensaciones muy parecidas al entrar a esos lugares que parecieran no mostrar su fuerza, y que al llegar, es casi como haber estado presente ahí mismo a pesar de la distancia, porque nada se puede comparar con lo que les pasó a esa gente en esos momentos, la angustia, la pérdida de la calma, el ataque a una zona cosmopolita; de mirar los nombres, fotos y cartas de jóvenes que pelearon en la Primera o Segunda Guerra Mundial y sentir esa emoción latente, indescriptible, como un nudo apretado en el estómago que se retuerce y que se aliviana al mismo tiempo, de intentar por algunos minutos comprender la magnitud de la situación, de nuestras propias sensaciones y sin dar con las palabras exactas para definirlo.
En eso se nos pasó la hora y llegó la hora de ponerse de nuevo los chalecos y chaquetas y tomar una once con algo calientito y de ahí de vuelta a mi departamento. Como le dije a Susana, "todos los caminos llegan a Roma, y por ende, a su casa", también me pude dar cuenta de lo poco que conozco Santiago y que es fácil perderse si uno no tiene alguna manera de ubicarse geográficamente.
Y como ustedes leen, a pesar de todo ese tremendo viaje por Santiago, ahora estoy de vuelta en mi departamento escribiéndoles esto y dejándoles un mensaje: es normal que uno se pierda en una ciudad tan grande cuando uno conoce prácticamente solo las calles a nuestro alrededor, y hay que tomar las riendas para encontrar el lugar que se anda buscando o volver a casa nuevamente.

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